Cecilia Baldovino | Diseño del paisaje
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actualidad

¿El mejor diseño es el que se vuelve invisible al usuario?

Parece paradójico, en un contexto dominado por lo visual, que el mejor diseño sea el que se vuelva invisible. Entendiendo al diseño en el complejo entramado actual como un acto de comunicación, la invisibilidad y el silencio de un producto diseñado sería tal vez contradictoria en su esencia.

Pero si continuamos un poco en esta línea de pensamiento, nos encontramos con que un diseño que logre penetrar de tal modo el imaginario colectivo, al punto de despojarse de uno de los primeros atributos que encontramos en los objetos, como su condición de ser vistos, entra en una nueva y más interesante categoría en la que la pieza simplemente se usa y experimenta.
Podemos hablar entonces de productos que se vuelven completamente ordinarios o cotidianos, pero estos productos pueden existir en un estado de diseño muy maduro, y que resulta incluso difícil de planificar hasta para los diseñadores más afilados. Es una condición que se cultiva en el objeto a través del paso tiempo.
Aquí es donde vale la pena marcar una diferencia: una cosa es un objeto que cuando lo miramos resulta tan cotidiano que decimos no encontrar ningún elemento de diseño en él y, otra cosa, es un nuevo diseño que pueda llevar la esencia de algo que se reconozca y perciba como cotidiano. Es, desde esa experiencia, que un diseño invisible puede sorprender incluso más que otro estridente o visualmente superdesarrollado. Con lógica similar, o probablemente inversa, podemos pensar que el acto de diseñar supone tomar algo que creemos conocer y transformarlo en desconocido.

¿Cuándo tiene sentido la invisibilidad del producto?

La invisibilidad en el diseño empieza a tener sentido cuando no queremos generar ruido en ese factor de comunicación y se quiere acentuar -y dejar a simple vista - la esencia del producto. Tiene que ver mucho con el target al cual apunta una marca y lo que desea comunicar. Suele ser común cuando nos encontramos con ejercicios de democratización del diseño, como IKEA, y la no deseada complejidad en los productos cotidianos. Pero a veces el silencio no es invisibilidad. Pensamos en otro acto de democratización como Muji. Sus productos son cualquier cosa menos invisibles. Y han sido pensados para la cotidianeidad. De hecho es considerado un modo de vida, pretende llevar el tradicionalismo zen japonés al mundo occidental.

Entonces ¿Qué pasa con el rol del diseñador en el producto?

El mejor diseñador es el que sabe responder a las necesidades del usuario y a los requerimientos de la marca. Su ruido o presencia estará definida por las necesidades marketineras de la marca. Desde la perspectiva de un diseñador, un buen diseño no tiene relación directa con su propia personalidad. De vuelta, la presencia de un nombre y apellido tendrá sentido y será útil si aporta valor agregado al producto. Si su trayectoria es suficientemente interesante como para despegarlo de la media. O si la marca precisa acercarse a un mercado de diseño. 









Imagen: Moises Bridge, Holanda.
Desde lejos, el Puente de Moisés, diseñado por los arquitectos RO&AD, es invisible para los ojos. El flujo de la fosa parece ininterrumpido porque el agua está al mismo nivel que los barandales y el puente se encuentra sumergido por completo.

Autor: Federico Churba