Cecilia Baldovino | Diseño del paisaje
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reflexion

Que la muerte me halle sembrando coles en mi jardín.

Santiago Beruete, es antropólogo y doctor en filosofía. por estos días en España está presentando su nuevo libro "Jardinosofía". Una historia filosófica de los jardines ofrece un repaso a la estrecha relación entre el mundo de las ideas y el arte de atender las plantas.

¿Es jardinero?
No, soy filósofo. Pero mi maes­tro filosófico fue un jardín.

¿Más que Platón?
¡Sí! También los sabios griegos filosofaban en jardines...

No lo sabía.

Academia de Platón, Liceo de Aristóteles, Gimnasio de Antístenes, Jardín de Epicuro... ¡Huertos, jardines! Y Teócrito, discípulo de Aristóteles, es el padre de la botánica.

Su jardín-maestro, ¿cómo era?
Me divorcié, lo vendimos todo: me quedó mi crisis, mi caos... y un trozo de bosque. Por hacer algo, lo aclaré, acoté, quite piedras, abancalé, roturé, sembré, cultivé... ¡y sané!

¿De qué enfermedad sanó?
De mi confusión, de mi agitación, de mis prisas, de mi arrogancia, de toda esta tecnolatría tan nuestra... Dejas el móvil fuera del jardín y te embarras, y te arrodillas, y tus manos encallecen... ¡y entonces aprendes!

¿Qué aprendes?
Paciencia, entrega, constancia..., y humildad, ¡que justamente viene de humus!

Tierra abonada, ¿no?
De la hez, el residuo, de lo más bajo y degradado, brotará lo bueno, útil y bello. ¡Eso es el jardín y eso busca la filosofía! Cuidar del jardín es una terapia psychés (terapia del alma), nos enseñó ya Sócrates.

¿Ajardinar... es filosofar? ¿Filosofar... es ajardinar?
Eso sostengo, porque el jardinero tiene la respuesta a la pregunta central y fundacional de la filosofía: ¿cómo vivir bien?

¿Esa es la pregunta fundamental?
Sin duda. La formuló Platón en su Gorgias hace 25 siglos..., y para responderla hemos alzado un sistema filosófico tras otro...

Y la respuesta... ¿era un jardín?

El grandísimo Epicuro –¡su escuela se llamó El Jardín!– enseñó que ejercitarte en el bien vivir implica ejercitarte en el bien morir. Y llegará el muy epicúreo Montaigne para resumírnoslo en una frase iluminadora...

¿Que frase?
Así dijo Montaigne: “Que la muerte me halle sembrando coles..., y yo tan indiferente a ella como a mi imperfecto jardín”.

¡Bravo! Sin más.

Sin más: llega la muerte... ¡y él siembra! Tan pancho, ¡siembra! ¿Qué puedo añadir?

Fértil metáfora, la del jardín...
Estoy seguro de que crecerá entre nosotros la verdolatría, reacción a la creciente asfaltización urbanícola de la humanidad. A los mandatos imperantes –velocidad, inmediatez y maximización de beneficios– yo contrapongo los valores del jardín...

A saber...
Cuidado, contemplación meditativa y gozo sensorial de la belleza. ¡Contra lucropatía, hortoterapia! Necesitaremos más y más huertos urbanos, más jardines interiores...

Ojalá eso pueda salvarnos.
Voltaire, el padre de la Ilustración, lo aprobaría: “No hay mejor vida filosófica que cultivar tu propio huerto”, escribió.

Pero el jardín... somete y retuerce la naturaleza un poquito o mucho...

Sí, el jardín es paradójico: naturaleza antropizada, natural y artificial a la vez, a la vez tortura lo natural y lo exalta... Por pánico a la naturaleza la acotamos y domesticamos, para así poder leerla y controlarla. El jardín, sí, es ambivalente..., ¡como nosotros mismos!

¿Desde cuándo hacemos jardines?

Grabados egipcios testifican que hace 5.000 años: quizá el oficio más viejo del mundo...

¿El jardín refleja una cultura?
Ves la sensibilidad de cada época en sus jardines: renacentista, barroco, romántico... El jardín de Versalles, ¡qué cartesiano!

¿Sucede lo mismo fuera de Occidente?
Dice un proverbio chino: “¿Quieres ser feliz una hora? Bebe vino. ¿Quieres ser feliz un día? Cásate. ¿Quieres ser feliz toda tu vida? Hazte jardinero”. Cultívalo y él te cultivará.

Y nos engalanamos con flores...
El hombre prehistórico cubría de flores a sus muertos. Recoger flores ayuda a polinizarlas: la flor te seduce... en su beneficio.
La ciencia ha verificado ya que ver árboles fortalece la salud inmunológica.
Y de la fotosíntesis vegetal ¡viene la vida! Habla el neurobiólogo Stefano Mancuso: “De todos los seres vivos, los animales somos sólo el 0,1%, ¡el resto es vegetal!”. Sed humildes, animalistas: seámoslo todos, mejor.

Salgamos al jardín para hacerle la foto
A nuestra cultura –de cultivar– nos cuenta que vamos del Jardín del Edén a Jardín del Paraíso: el jardín simboliza el mundo vivible. ¡Al jardín, a la vida buena! Y quizá seamos, un día, jardineros del cosmos.







Fuente: La vanguardia